
Cuando comprás un teléfono inalámbrico sabés un par de cosas. Que vas a poder hablar desde el baño, torciendo el cuello mientras picás cebolla o haciendo miniturismo por tu casa. Lo que no sabías es que, ma qué Cortazar y la esclavitud del reloj, el teléfono éste tiene una pila rarísima que vale 3 (tanto por su tamaño como por su precio). Y somos tribu los que hacemos equilibrio entre empezar el llamado con el inalámbrico (que abre un mundo de posibilidades) y continuar (ya estancos) con el teléfono de base. Por algún motivo, no compramos la megapila hasta que el inalámbrico se extingue completamente. Ahí, por 15 pesos, somos libres otra vez.